LA HISTORIA NO CONTADA. AFRICA

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Cuentos Africanos




¿POR QUÉ LA HIENA TIENE LA PIEL CON RAYAS?

Hace mucho, mucho tiempo una hiena y una liebre eran muy buenos 
amigos. Pero la hiena, le engañaba a la liebre y cada vez que ésta pescaba 
un pez grande era la hiena quien se lo comía. La hiena inventaba juegos 
extraños y tras acordar que el que ganara se comería el pez, la hiena 
siempre acababa ganando y comiéndose el pescado.  

Un día la liebre pescó un gran pez y le dijo a la hiena:  
- ¡Hoy es mi día! ¡Hoy me comeré yo solo este gran pez! . 
- Es demasiado grande para un estómago tan pequeño, le dice la hiena. Se 
pudrirá antes de que puedas comértelo todo. 

- Es verdad, dice la liebre. Pero lo pondré a ahumar por la noche para 
conservarlo en pedazos pequeños. ¡Estará delicioso!
La hiena no aguantaba de envidia y seguía deseando comerse el pescado 
de la liebre. Me lo comeré yo solo! se decía a sí misma. Y no hacía más 
que planear para satisfacer su egoísmo.  

Llegada la noche, la hiena cruzó sigilósamente el río, acercándose hasta 
donde dormía la liebre. En ese momento, el pescado, partido en trozos, se 
asaba lentamente y la grasa que caía sobre las brasas perfumaban el 
ambiente. La hiena se relamía ya de gusto, riéndose de la liebre por la 
sorpresa que se llevaría ésta al ver que le habían robado el pescado con el 
ue tanto soñaba. 

Mientras tanto, la liebre estaba acostada haciéndose la dormida pero muy 
atenta a lo que hacía la hiena. Cuando la hiena agarró el primer trozo de 
pescado, la liebre se levanto de repente, cogió la  parrilla que estaba 
encima del fuego y corriendo tras la hiena le azotaba con ella mientras la 
hiena aullaba de dolor, de vergüenza y de rabia. 

La hiena acabó con todo el cuerpo marcado con las barras de la parrilla y 
desde entonces las hienas llevan rayas en la piel y por eso desde entonces 
las hienas odian a las liebres.

_______________________________

El árbol que hablaba
Había una vez un lobo en la selva.  Un día, cuando estaba fuera paseando,
encontró a un árbol que tenía unas hojas que parecían caras de personas.
Escuchó atentamente y pudo oír al árbol hablar.

El lobo se asustó y dijo: "Hasta el día de hoy nunca me había encontrado
con algo tan raro como un árbol hablante". Tan pronto como hubo dicho
estas palabras alguna cosa que no pudo ver lo golpeó dejándole
inconsciente. No sabía durante cuanto tiempo había estado allí tendido en
el suelo, pero cuando despertó estaba demasiado asustado para hablar. Se
levantó inmediatamente y empezó a correr.

El lobo estuvo pensando acerca de lo que le había ocurrido y se dio cuenta
de que podía usar el árbol para su provecho. Se fue paseando de nuevo y
se encontró a un antílope. Le contó lo del árbol que hablaba, pero el
antílope no le creyó. "Ven y lo verás tu mismo" dijo el lobo " pero cuando
llegues delante del árbol asegúrate de decir estas palabras: Hasta el día de
hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol hablante.
Si no las dices, morirás."

El lobo y el antílope se acercaron hasta el árbol que hablaba. El antílope
dijo: "Has dicho la verdad lobo, hasta el día de hoy nunca me había
encontrado con algo tan raro como un árbol hablante."
Tan pronto como dijo esto alguna cosa le golpeó y le dejó inconsciente. El
lobo cargó con él a su espalda y se lo llevo a casa para comérselo.

"Este árbol que habla solucionará todos mis problemas", pensó el lobo. "Si soy
inteligente nunca más volveré a pasar hambre."

Al día siguiente el lobo estaba paseando como de costumbre. Al cabo de un
rato se encontró con una tortuga. Le contó la misma historia que le había      
                
contado al antílope, y la llevó hasta el lugar. La tortuga se sorprendió
cuando vio al árbol hablante."No creía que esto fuera posible", dijo, "hasta
el día de hoy nunca me había encontrado con algo tan raro como un árbol
hablante". Inmediatamente fue golpeada por algo que no pudo ver y cayó
inconsciente. El lobo la arrastró hasta su casa y la puso en una olla. Pensó
en hacer una estupenda sopa.

El lobo estaba orgulloso de sí mismo. Después del antílope y la tortuga
cazó un ave, un jabalí, y un ciervo. Nunca antes había comido mejor.
Siempre usaba la misma  estrategia. Contaba a sus presas que debían
decir que nunca antes habían visto a un árbol hablar y que si no lo decían
morirían. Todos ellos hicieron lo que el lobo les dijo y todos ellos quedaron
inconscientes. Luego el lobo cargaba con ellos hasta su casa.

Era un plan
perfecto, él lo creía simple e infalible, y agradecía a las estrellas el hecho de
haber encontrado a ese árbol. Esperaba comer como un rey durante el
resto de su vida.

Un día, que se sentía con algo de hambre, el lobo fue a pasear de nuevo.
Esta vez se encontró con una liebre. El lobo le dijo: "Hermana liebre, he
visto algo que tú no has visto desde el tiempo de tus antepasados"
"Hermano mayor, ¿Qué puede ser?"

Preguntó la liebre.
"He visto a un árbol que habla en la selva" dijo el lobo. Contó la misma
historia de siempre a la liebre y se ofreció para llevarla a ver ese árbol
hablante. Fueron juntos hasta el lugar. Cuando se acercaban al árbol el
lobo le dijo,
 "no olvides lo que te he contado".
" ¿Qué me contaste?" preguntó la liebre.
"Lo que debes decir cuando llegues junto al árbol, o si no , morirás" dijo el
lobo.
"¡Oh!, Sí" dijo la liebre. Y empezó a hablar con el árbol. "¡Oh!, Árbol, ¡oh!,
árbol" dijo, " Eres un árbol precioso"
"No, esto no" dijo el lobo.  
   
"Perdona," dijo la liebre. Entonces habló de nuevo. " Árbol, ¡oh!, Árbol
nunca pensé que pudiera ser tan maravilloso".

"¡No, no! " Dijo el lobo, "no un árbol precioso, un árbol hablante. Te dije
que tenías que decir que nunca habías visto antes a un árbol hablante."
Tan pronto como hubo dicho estas palabras, el lobo cayó inconsciente.

La liebre se fue andando y mirando hacia el árbol y el lobo. Luego sonrió,
"Entonces, este era el plan de Sr. Lobo" dijo. "Se pensaba que este lugar
era un comedero y yo su comida."

La liebre se marchó y contó a todos los animales de la selva el secreto del
árbol que hablaba. El plan del lobo fue descubierto, y el árbol, sin herir a
nadie, continuó hablando solo.  

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